sábado, 23 de julio de 2016

Teatro El puerto de los cristales rotos

  "El puerto de los cristales rotos"...

Un viaje hacia a la desesperanza, la mentira y la traición...

Por Jorge Herrera-Monroy

A principios de marzo escuché un comentario de un colega crítico teatral "El director Mario Ernesto Sánchez hizo la lectura de su nuevo montaje. Es algo histórico y un proyecto al cual le ha invertido muchos años de investigación y esfuerzo".

“¿De qué se trata?” pregunté  y la respuesta fue "De la historia y travesía del St. Louis. Un buque de pasajeros alemán, por medio de la cual se revelan las dramáticas dificultades que enfrentaron más de 900 judíos en su intento de escapar del terror nazi a Cuba en 1939".


A fines de ese mismo mes se revelaron, a través de publicaciones de Mario Ernesto Sánchez y del Teatro Avante por Facebook, otros pormenores de la obra. El titulo: El puerto de los cristales rotos (Harbor of Broken Glass). Autores: Mario Ernesto Sánchez y Patricia Suárez. Elenco: Marilyn Romero, Juan David Ferrer, Alina Interián, Gerardo Riverón, Carlos Acosta-Milián, Julio Rodríguez y Boris Alexis Roa; Creación del Arte de la obra Baruj Salinas.

Pero lo más importante, y lo que atañe a esta crítica investigativa, fue su estreno mundial la noche del 21, y el anuncio de tres funciones más 22, 23 y 24 de julio, como el Broche de oro de El Festival Internacional de Teatro Hispano en Miami en Carnival Studio Theater del Adrienne Arsht Center en la capital del sol.


Aquella noche, con copas de sidra en mano, la audiencia brindó por Eva Wiener de New Jersey y Judith Steel de New York, dos sobrevivientes de los 937 pasajeros que viajaron en el buque MS St. Louis, el cual salió de Hamburgo, Alemania, el 13 de mayo de 1939. Esta nave nunca desembarcó en La Habana por la indiferencia diplomática y la corrupción política de sus gobernantes, y tuvo que regresar en junio 17 dirección al puerto de Amberes, Bélgica, después de peticiones de desembarcos fallidos en Cuba, Estados Unidos y Canadá. El episodio del viaje del buque MS St. Louis ha sido considerado un hecho que avergüenza a la humanidad en los últimos 77 años. Un mal manejo de política y diplomacia de Alemania, Estados Unidos, Canadá y Cuba. Estas naciones han pedido disculpas por este acto vejatorio al gobierno de Israel, pero Cuba no lo ha hecho jamás.

Tanto, Judy Steel y Eva Weiner, vinieron a Miami invitadas por Mario Ernesto Sánchez, a este evento y a la conferencia de prensa del viernes 22 de julio en el MDC (Wolfson Campus) donde se habló de los pormenores dolorosos de este viaje y los "Paradigmas recientes en las artes escénicas latinas y latinoamericanas en conmemoración del trágico viaje del MS St. Louis en 1939". 
TODOS ABORDO!
Con una espectacular obertura musical de Mike Porcel se abre la escena. Al instante son proyectadas, en pantalla monumental, imágenes en blanco y negro del abordaje original de buque MS Saint Louis ocurrido el 13 de mayo de 1939.
Casi en el proscenio del escenario se ve movimiento humano; personas que apuradas tratan de abordar una impresionante embarcación a punto de partir. Por el dinamismo de la escena y la iluminación pareciese contar con un gran elenco, el cual a media luz se mueve con rapidez. Al final... queda al descubierto una gigantesca escenografía, creada por Pedro Balmaseda y Jorge Noa, que nos muestra la cubierta, la proa, los camarotes, el salón de baile, las escalinatas, y otros ambientes del trasatlántico pero con solo siete actrices/actores a bordo y la pregunta obligada ¿Una escenografía tan grande en ese espacio, para un elenco tan pequeño?  ¿Por qué?.
De los siete personajes, dos son reales: el Capitán Gustav Schröder (Juan David Ferrer) y el espía-camarero alemán Otto Schiendick (Boris Alexis Roa). Los otros cinco ficticios: la pareja Vera Kaufman (Marilyn Romero) y Dr. Joseph Feivel (Julio Rodríguez) y la otra mancuerna Lina Berman (Alina Interián) y Avram Berman (Gerardo Riverón) y Chaim Goldenberg (Carlos Acosta-Milián) completan el reparto, unido éste a apariciones mínimas del violinista Jorge Carlos Oviedo, y Amaya y Sienna Borotto, (Jewish girls- las niñas judías) al principio y al final de la obra.

Este elenco fue elegido por el propio Mario Ernesto Sánchez, para que través de estos siete personajes nos contaran este drama histórico a lo largo de 90 minutos sin intermedio.

Al no existir indicios de una puesta en escena sobre este tema en español, fuera de una opera, El puerto de los cristales rotos, se convierte en la primera versión con subtítulos en inglés para el teatro de este hecho. A pesar que los autores, Mario Ernesto Sánchez y Patricia Suárez, han argumentado que había escasez de información y que fue necesario 10 años de una investigación exhaustiva. Existen varios antecedentes en el periodismo, la literatura y el cine que contradicen lo afirmado y que expongo a continuación.
Desde principios mayo y hasta finales de junio de 1939 se publicaron detallados artículos periodísticos de los diarios más importantes del mundo en varios idiomas, ahora resguardados en hemerotecas, museos y centros de acopio de información en diferentes países sobre el tema judío.
También, desde 1974, se han publicado libros, uno de ellos  Voyage of the Damned de Gordon Thomas y Max Morgan-Witts, convertido en la fuente de consulta más popular de esta historia y en un de los best-seller más vendido y leído de su tiempo. Dicha popularidad tentó al director estadounidense Stuart Rosenberg para pedirle a los guionistas David Butler y Steve Shagan una adaptación cinematográfica de ese libro que con inversión inglesa, se convirtió en el filme "Voyage of the Damned", conocido en español como "Viaje de los condenados o "Viaje de los malditos" en 1976.
La película, rodada en varias locaciones: Barcelona, España; Londres, Inglaterra y los EMI Elstree Studios Borehamwood de Hertfordshire, Reino Unido, se transformó en todo un suceso cinematográfico con un elenco plasmado de grandes estrellas: Faye Dunaway, Max von Sydow, Malcolm McDowell, Orson Welles, James Mason, José Ferrer y  Fernando Rey, entre otros grandes artistas. La cinta se apoderó de las salas de exhibición en el mundo a fines de la década de los 80's.
A pesar que Voyage of the Damned fue nominada a tres oscars de la Academia y dos Globos de Oro (Golden Globe Awards) en Hollywood para las entregas de 1977, no ganó ningún premio y la critica fue muy severa con sus opiniones. Algunos expertos la señalaron como una cinta "superficial, llenas de clichés hollywoodenses"; otros dijeron que era "deshonesta”, a pesar de sus buenas intenciones, ya que ocultaba el drama histórico, usando una novela barata, el best-seller de Gordon Thomas y Max Morgan-Witts, para ganar taquilla. A pesar de contar con un excelente reparto, una emotiva banda sonora de Lalo Schifrin y el éxito en taquilla… la película "naufragó".
Tuvieron que pasar 17 años de silencio, para que  en 1994, el iraní Maziar Bahari realizará el documental Le Voyage du Saint-Louis por encargo de la televisión francesa, en que los 937 judíos alemanes del MS St. Louis recibieron un verdadero homenaje y reconocimiento. Con testimonios de los pocos sobrevivientes, miembros de la tripulación y personas que ayudaron a los refugiados para salvar sus vidas en Cuba, y varios países en Europa, después de esa fatídico travesía.

Por primera vez, se dan a conocer los rostros de algunos de los héroes anónimos de esta odisea, Gustav Schröder, el capitán del MS St. Louis; Luis Clasing y Robert Hoffman, oficiales de la compañía Hapag, dueña del buque MS St. Louis en la Habana; Jan Karski, uno de los mediador en Europa; y por fin se señalaron públicamente algunos de los culpables de esta injusticia humana, entre ellos, el Ministerio de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, el espía de la Gestapo, Otto Shiendick, el presidente en turno de Cuba, Federico Laredo Bru y Manuel Benítez González, Director General de Inmigración Cubana, quien se enriqueció ilícitamente por este drama humano.
Le Voyage du Saint-Louis  o "El viaje o la travesía del San Luis" tuvo un gran valor. Contenía secuencias de archivo filmadas en su mayoría en la cubierta durante el viaje de Hamburgo a La Habana, así como fotografías inéditas que lo convirtió en el mejor documental logrado sobre esta singular odisea.
A este acopio informativo, se unió, a fines de la década pasada, en 2009, The Messenger un libro del escritor Yannick Haenel y publicado en Francia. Novela histórica que retomó el tema del abandono de estos judíos alemanes del MS St. Louis por parte de la comunidad internacional, a través de las revelaciones de un testigo real, el agente secreto polaco Jan Karski, quien habló de la sordera organizada de los aliados ante el exterminio judío, y como ejemplo citan a los 937 viajeros de este crucero de lujo.

Conclusión, ¿Dónde se realizó la "exhaustiva" investigación de 10 años de esta historia, que ahora se ha plasmado en el teatro como "El puerto de los cristales rotos" (Harbor of Broken Glass) habiendo a la mano tanta información?

A pesar de la omisión investigativa, el texto de esta obra tiene dos valores importantes: los autores Mario Ernesto Sánchez y Patricia Suárez rescatan esta historia casi en el olvido y la llevan a la escena en siglo XXI y la denuncia abiertamente de las corruptelas de las autoridades cubanas de ese entonces, su actitud negligente y su falta de honorabilidad diplomática. Craso error no pedir una disculpa pública mundial al pueblo judío como lo han hecho Alemania, Canadá y Estados Unidos.
Con respecto al nombre de la obra, se barajaron varios títulos y al final se escogió "El puerto de los cristales rotos” (Harbor of Broken Glass), que se inspiró en la "Noche de los cristales rotos", un hecho real ocurrido del 9 al 10 de noviembre de 1938. Fechas en que más de siete mil comercios y casas judías fueron saqueadas y los cristales de tiendas y ventanas de los hogares destrozados y dichos cristales quedaron esparcidos por cientos en las de calles de ciudades y pueblos en Alemania y Austria.
Fueron momentos terribles, en los cuales más de 250 sinagogas fueron quemadas, 30 mil judíos alemanes fueron arrestados por el "delito" de ser judíos y enviados a campos de concentración. Miles de personas fueron asesinadas. Cementerios, hospitales, escuelas y hogares arrasados mientras la policía y las brigadas de bomberos germanas se mantenían al margen. Se les impusieron toques de queda que limitaban las horas del día para poder salir de sus casas.
Después de la "Noche de los cristales rotos" la vida fue muy difícil para ellos. En la desesperación, muchos judíos adultos se suicidaron. La mayoría de las familias trataba de irse de Alemania y la oferta de MS Saint Louis fue un halo de esperanza a seis meses de esa dolorosa noche.

Volviendo a la obra de teatro, su principio es tan fidedigno como el hecho real. Un barco que zarpa del puerto de Hamburgo con destino a La Habana con muchas esperanzas. Los 937 judíos abordo de ese buque tenían visas otorgadas por la embajada de Cuba en Alemania, sin embargo, a su arribo el 27 de mayo a La Habana no se les permitió desembarcar, y solo 29 tuvieron la suerte de hacerlo por diferentes motivos, por lo tanto, los otros 908 continuaron su doloroso trayecto por 20 días bordeando la costa de Miami y ante las negativas, estadounidense y canadiense, de recibirlos no tuvieron otra opción de regresar a Europa y fue   Amberes, Bélgica, el puerto alterno, el cual recibió a estos desesperados viajeros que se negaban regresar a la Alemania de Hitler el 17 de junio de 1939.
La obra de teatro "El puerto de los cristales rotos” (Harbor of Broken Glass), no aporta nada nuevo a la historia ya conocida y su base de siete personajes, dos reales y cinco ficticios, quedan cortos como sus dramas ante peso de este bochorno hecho y ante la monumental escenografía de Jorge Noa y Pedro Balmaseda, que a veces parece un enorme crucero y otras, andamios de un edificio en construcción que solo los salvavidas con el nombre de Saint Louis nos recuerda que estábamos abordo.

Pero las sensaciones de soledad y desolación no se llena con nada, ni con el recuerdo de las 937 almas que suponen viajaban imaginariamente allí. Solo el buen diseño de iluminación de Ernesto Padilla y la calidad de la música original de Mike Porcel, por momentos, menoscaban esa profunda sensación de vacío. 
Aunque "El puerto de los cristales rotos” (Harbor of Broken Glass), ancla su narrativa en las actuaciones en pareja de Marilyn Romero (Vera Kaufman) y Julio Rodríguez (Dr. Joseph Feivel); Alina Interián (Lina Berman) y Gerardo Riverón (Avram Berman) y apoyada en las actuaciones individuales de Carlos Acosta-Milián (Chaim Goldenberg), Juan David Ferrer (Capitán Gustav Schröder) y Boris Alexis Roa (Otto Schiendick), cada actriz/actor lucha por darle vida a su personaje con libertad y contar su historia hay algunos que sobresalen y otros quedan opacos.
Por ejemplo, Gerardo Riverón logra en Avram Berman, una gran actuación. Encarna a un anciano pesimista que carga consigo, a lo largo de toda la obra, el mal augurio que jamás desembarcarán en La Habana. Su estabilidad la representa su violín Stradivarius y la amorosa actitud de su esposa, Lina Berman (Alina Interián), quien se ciñe estrictamente a esa clásica mujer judía que trata de contrarrestar la negativa actitud de su marido con esperanza y fe. Grandes caracterizaciones. 

La segunda pareja,  Vera Kaufman (Marilyn Romero) y Dr. Joseph Feivel (Julio Rodríguez), representan un dueto que viven en el juegode la amistad, el amor resignado y el acompañamiento fiel. Marilyn Romero, asume a una Vera Kaufman, actriz que deja atrás sus años de triunfos artísticos para enfrentar un destino incierto lleno de dudas e incertidumbre. Con gran fuerza y profesionalismo Marilyn Romero lleva a cabo su personaje que trasmite todo el tiempo emociones. Mientras que Julio Rodríguez desarrolla un Dr. Joseph Feivel muy convincente. Cómplice y testigo de las andanzas y pasiones de su dama. Sin embargo, aunque con otros nombres y diferentes caracteres en la obra de teatro, esta pareja se asemeja mucho a la encarnada por Faye Dunaway (Denise Kreisler) y Oskar Werner (Profesor Egon Kreisler) en la película "Voyage of the Damned".

Por su parte, Carlos Acosta-Milián, Chaim Goldenberg, nos entrega un personaje en busca del amor y la libertad. En solitario trata de mantener la calma pero el fondo sabe que este viaje no tiene un final feliz y toma la decisión, como algunos judíos de ese buque lo hicieron, del suicidio antes de regresar a Alemania. Como fue el caso de Max Lowe, que lo intentó cortándose las venas y tirándose por la borda frente a La Habana. Con gran pericia Acosta-Milián desempeña su personaje con pinceladas dramáticas.

Referente a los caracteres reales del espía-camarero Otto Schiendick y del Capitán Gustav Schröder, el análisis es otro. Sus dimensiones históricas y artísticas son abrumadoras. Muchos sobrevivientes del MS St. Louis los recordaron en sus memorias.

A Otto Schiendick como un miembro de la tripulación del barco, camarero cruel, déspota, despiadado  y fanático de Hitler. Los autores Gordon Thomas y Max Morgan-Witts del libro Voyave of the Danmer lo describen como un militar de raza aria y el director de la cinta del mismo nombre, Stuart Rosenberg, lo enmarca en el arquetipo alemán rubio y alto en la caracterización del actor Helmut Griem con una gran fuerza actoral.

Boris Alexis Roa (Otto Schiendick en esta obra teatral) crea de la mano del director Mario Ernesto Sánchez su propio personaje, carente de fuerza, y muy lejano de lo que ya se conocía. Finalmente, el Capitán Gustav Schröder recibió muchos reconocimientos públicos posteriores a la travesía del crucero por sus acciones humanas y valientes tratando de salvar a los 937 judíos alemanes. Los documentos escritos y visuales lo muestran como un ser humano fuera de serie.




El actor sueco-francés Max von Sydow, lo representa en la película Voyage of the Damned" ("Viaje de los condenados") como estricto, disciplinado pero muy humano ante la tragedia de Ms St. Louis, durante la fallida travesia cabileo las autoridades cubanas, esradounidense, inglesas para tratar de desembarcar a esos pasajeros en un puerto seguro y evitar por todos los medios su regreso a su lugar de partida, Hamburgo, Alemania. 

En la obra "El puerto de los cristales rotos, la responsabilidad de encarnar este personaje recaen en los hombros del experimentado actor Juan David Ferrer. La dirección de escena de Mario Ernesto Sánchez se hacen notar y en conjunto, actor y director, nos presentan su versión teatral del Capitán Gustav Schröder. En esta ocasión dicho capitán luce sobrio, frío y distante.

SIN FINAL FELIZ
Se supone que el angustiante viaje del crucero MS St. Louis por 34 días en alta mar que comenzó en Hamburgo, Alemania, el 13 de mayo y concluyó el 17 de junio de 1939 en Amberes, Bélgica, tuvo un final feliz. Sin embargo, cuenta la historia que no fue asi. 


De los 937 pasajeros, 28 bajaron en Cuba; 60 regresaron a Alemania, ya que eran miembros de la tripulación, Uno se suicidó y otro falleció de muerte natural en alta mar, y los otros 847 judío-alemanes, entre ellos muchos niñas/niños, fueron repartidos a naciones amigas que les dieron asilo bajo el acuerdo "Misión de clemencia". 228 marcharon a Inglaterra; 224 viajaron a Francia; 214 se quedaron en Bélgica y 181 se fueron para Holanda.
Con la declaración de la Segunda Guerra Mundial, Alemania invadió Francia y los Países Bajos. Lamentablemente muchos de los 847 refugiados que habían quedado radicados en estos países fueron recapturados durante la Segunda Guerra Mundial y enviados a campos de concentración en donde muchos perdieron sus vidas. Solo 147 sobrevivieron y se unieron al grupo de los 228 que se salvaron en Inglaterra al final de la segunda guerra mundial dando un total de 375, algunos de ellos viajaron posteriormente a los Estados Unidos.
El Capitán Gustav Schröder fue reconocido tanto cuando estaba vivo y después de su muerte. En 1957, fue galardonado con la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania "por sus servicios a las personas y la tierra en el rescate de los refugiados". En marzo de 1993, Yad Vashem honró Schröder con el título de "Justo entre las Naciones" por el Estado de Israel. En 2000, la ciudad alemana de Hamburgo dedicó una calle Schröder y descubrió una placa detallada por sus acciones humanitarias.
Mientras que el espía nazi Otto Schiendick, regresó a Alemania y se reintegró a la Gestapo. En 1945 murió en manos de un comando británico que patrullaba las calles de Hamburgo.
Después de su travesía del 1939, el MS St. Louis fue remolcado a Hamburgo, en donde sirvió como un buque naval de 1940 a 1944. El 30 de agosto de 1944, fue dañado gravemente por los bombardeos aliados en Kiel. Fue reparado y se utiliza como un barco hotel en Hamburgo hasta 1946. En 1952 fue vendido como chatarra para ser reciclado.
La obra “El puerto de los cristales rotos” (Harbor of Broken Glass),  presentada por Teatro Avante y dirigida por Mario Ernesto Sánchez, también tuvo su final con la proyección en la pantalla monumental de la lista de los 937 nombres de los pasajeros del MS Saint Louis y el violinista Jorge Carlos Oviedo, tocando en vivo notas melancólicas hace el cierra la función. Un aplauso seco, sin vivas, ni bravos, premió la obra. Para el gusto general una puesta en escena demasiado larga y con un final predecible.
El poner en lista los nombres y apellidos de los 937 pasajeros de este crucero fue un homenaje y un reconocimiento a quienes vivieron esta tragedia, reviviendo un recuerdo casi olvidado y marcando un recordatorio histórico, un deseo, un anhelo común: Que una infamia igual no se vuelva a repetir jamás!.
Para los que se quedaron sin verla, “El puerto de los cristales rotos” (Harbor of Broken Glass), presentada por Teatro Avante y dirigida y co-escrita por Mario Ernesto Sánchez volverá a la escena en Miami del 2 al 5 de febrero de 2017, en el On.Stage Black Box Theatre del MDCA.

Fotos-Cortesías: Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami/ Teatro Avante / El Nuevo Herald / Asela Torres / Dory Cruz / General Google photos).
© All rights reserved 2016 Jorge Herrera-Monroy

Jorge Herrera-Monroy Periodista, Blogger, Productor, presentador y locutor de TV/Radio. Nacido en Mérida, Yucatán,  México. Con más de 30 años de experiencia en medios de comunicación en México, Estados Unidos, Chile y Guatemala. Egresado de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Anáhuac Norte en la Ciudad de México.
herreramonroy@hotmail.com 




 


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